Los cimientos de la Ivy League

Todo deporte tiene sus inicios y la Ivy League es el punto de partida de nuestro deporte favorito. Gracias a Walter Camp que ayudó a unificar el football…

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Souvenir conmemorativo del partido entre Yale y Harvard, el 22 de noviembre de 1890.

Un poco más de Walter Camp, las primeras conferencias antes de la NCAA, la Ivy League…¡y todo lo demás!

Como se ha mencionado antes, en «Walter Camp – Padre del football moderno», el primer partido intercolegial desarrollado en 1869 entre Princeton y Rutgers tenía más semejanza a un partido de futbol asociación y no existía una interpretación precisa en cuanto a reglamentación se refiere. En pocas palabras, cada escuela que practicaba el football lo hacía de una forma por demás anárquica, tanto que el número de jugadores y las medidas del terreno variaban con respecto de un equipo a otro. Regularmente, con 25 jugadores por equipo persiguiendo un balón en un terreno baldío, potrero o solar que medía 150 yardas por 70 de ancho.

Mientras tanto Walter Camp estaba ocupado en darle más estructura a ese híbrido entre soccer y rugby. Cuenta la leyenda que era tanta la obsesión y el perfeccionismo del joven Walter que siempre entraba a clase y caminaba por los pasillos de Yale con un balón bajo el brazo, como si fuera el cráneo shakespeariano de Hamlet. Quizás era, además de su objeto transicional o fetiche, su fuente de inspiración.

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«1910 Spalding Official Football Guide» por Walter Camp.

El football se extiende por la universidades

En cuanto al desarrollo del deporte, faltaba consensuar a las universidades bajo que reglamentos pretendían jugar. Era de pensarse que esas primeras temporadas, en que todavía se llegaba a otra sede en ferrocarril y al campo de juego en carruaje, fueran de pocos partidos por no el desconocimiento de unificar acuerdos.

Aunque la práctica del football se comenzaba a extender a lo largo y ancho de la Unión (Norte) Américana (licencia del autor que se empeña en –como otros autores– llamar América a los EUA), solo tres universidades mantenían el monopolio en tomas de decisiones: Harvard, Yale y Princeton; con el tiempo se les agregaría Columbia y Dartmouth. Estas reuniones dieron pie al primer órgano rector del football: la IFA (Asociación de Futbol Intercolegial, por sus siglas en inglés).  Este organismo daría pie también a la creación de la Ivy League (la Liga de la Hiedra) ya entrado el siglo XX.

Fue en una de estas reuniones del Comité de Reglas de la IFA cuando Mr. Camp –que no podía quedar fuera de semejantes reuniones– decidió pintarle las yardas a un terreno de juego dibujada en una pizarra, al que el delegado de Princeton, Mr. Russ Pearce, creyó ver en él una parrilla dibujada. Camp solo respondería: “¡Exactamente!”. De ahí que el campo de juego donde se práctica el futbol americano se le conozca como emparrillado (gridiron, en inglés).

Las primeras conferencias

Teniendo una base de reglamentos más precisos y definidos, el surgimiento de la IFA fomentó una mejor organización en el deporte, y las universidades y colegios estadounidenses comenzaron a agruparse en conferencias, siendo las más importantes la reconocida Big 10 (fundada en 1896) que agrupaba a las universidades públicas del Noroeste y de la zona de los Grandes Lagos, y la SIAA (Asociación Atlética Intercolegial del Sur, surgida en 1894) que se transformaría en la Southern Conference después de la 2ª. Guerra Mundial. Aunque la conferencia más antigua –insisto de manera testaruda que no es la liga de la Hiedra aunque ellos presuman de haber “inventado el deporte”– es la MIAA (Asociación Atlética Intercolegial de Michigan) fundada en 1888, actualmente miembro de la División III de la NCAA y que incluye a colegios pequeños con nombres encantadores como Adrian, Alma, Jolivet o Kalamazoo.

En el próximo episodio de nuestras clases de historia, procuraremos desmenuzar con pincitas quirúrgicas lo que es la Ivy League y el por qué es tan importante en el desarrollo del gridiron.